Cariño, te he dejado en la nevera un poco de pavo
y una metralleta por si lo notas crudo.
No sé si he cerrado el grifo del lavabo después de nadar:
por favor, compruébalo, y si se te olvida,
concedámosle al cuarto de baño su derecho de ser isla.
Aprovechando que no estoy, irás a por las castañuelas,
pero me las he llevado yo para regalárselas a alguna lumbre,
que, seguramente, las tratará mejor. Ah, anoche casi no dormí
por culpa de las cebras (una cosa es el afecto, y otra cosa es
que se metan en la cama): habla con ellas, a mí no me hacen caso.
Si no vuelvo de aquí a mañana, ven a buscarme,
tráete la excavadora y, por supuesto, la ducha.
Y si vuelvo, da igual, ven, ven a buscarme,
estaré preguntándole por ti a algún megáfono cerca del río,
operando peces para apuntar en sus tripas por ejemplo esto.
Elena Román
de Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea