Pues




Pues me gusta la vida, le grité.

(Qué paradoja: estaba malhumorada y triste
y sin embargo me envolvía
en aires desenvueltos y festivos).

Levantó la nariz, sus pómulos de jade tersos
como los de una diosa asiática,
y me miró. En el lugar de los ojos
dos cavernas y al fondo,
entre destellos, las crines sangrantes
de un animal herido.
Tendió hacia mí una mano fuertemente cerrada.
Acércate, me dijo.
Lo hice. Abrió los dedos uno a uno:
nada, no había nada.
Luego tendió hacia mí la mano izquierda
y repitió la operación,
pero esta vez en su interior había
un diminuto insecto
al que la luz paralizaba.

Sopló. Su aliento era fuego en sus labios
de amianto.
¿Qué es la vida?, preguntó,

y dos piedras rodaron
para cerrar sus órbitas vacías.


Chantal Maillard, Poemas a mi muerte



5 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Me gusta Chantal y su amor a los animales.

Odiseo dijo...

Es impactante el poema, es implacable la fotografía. Ambas imágenes, la literaria y la gráfica, son impactantes e implacables. También impecables.

Pluvisca dijo...

me gusta la foto

El poema es duro, me gusta

Petons

nO SE PUEDE DEJAR COMENTARIOS EN TU OTRO BLOG????

emejota dijo...

Ahí lo tienes, clarievidencia. Bss.

Raticulina dijo...

Pluvi, los cerré en las últimas entradas. Así me relajo, jaja.

fotos by raticulina

presenciadeespiritu@gmail.com